FIGURAS URBANAS | Itzamna Reyes

Figuras Urbanas | Itzamna Reyes

La obra del artista Itzamna Reyes, se presenta como una radiografía plástica de la postmodernidad, expresiva de los sentimientos de desolación y melancolía causados por un mundo despersonalizado, puramente técnico, mecanizado y oprimente, en el que propiamente hablando no hay lugar para la persona o donde no existe. Sobre todo, donde no cabe la interioridad y la intimidad humana.

Paisajes efectivamente intimidantes son los suyos, paisajes de la periferia urbana impregnados de desolación y de fatiga, donde a la vez se realiza una especie de prueba de fuego a la utopía moderna. El topos, la urbe, lugar de la cultura y de la civilización, donde otrora se llamara al acuerdo en el ágora o se convocara a la poesía en los jardines, convertido en pesadas moles granito, en inexpugnables murallas de cemento, en frías cuevas que bajo la forma del puesto de alimento o del estanquillo de publicidad  revelan la presión histórica de nuestra época, que aplasta los valores humanos y al ser humano mismo por mor del incontenible vértigo de la producción en serie del aparato industrial, modelador de un mundo hecho a su imagen y semejanza.

Lugares, pues, donde la utopía del hombre moderno, en los que el sueño de dominación de la naturaleza y de encontrar la felicidad y la satisfacción de las necesidades del hombre en las aplicaciones de la ciencia a través del progreso de la técnica, de pronto cambian de signo, dejándonos ver una de los rostros, acaso el más patente y despótico, de su apabullante poderío y de su monstruosidad totalitaria. Sueño que se desvanece como las ilusiones
juveniles o como la nube llevado por el furor del viento y que se convierte, de pronto, en el reverso de la pesadilla, volviéndonos las víctimas pasivas, inermes e incrédulas, de un gigantesco engaño.

Paisajes que dejan una sensación de vacío, de pasmo y de estancamiento, en donde no hay nada de donde asirse o en que descasar la mirada, como si las escenas reproducidas por el artista tuvieran la concavidad de una superficie por donde la mirada resbala, al estar hechas con los materiales fugaces del instante. Donde no hay nada que decir, donde no hay nada, emblemas ambos de lo que es meramente contingente, del río del devenir, cuyas aguas corren hacia abajo, sin trascendencia metafísica alguna, y cuya sola existencia es pasar, es ser en fuga.

Sus figuras urbanas delatan de tal forma la motivación radical urdida detrás del tejido de la modernidad: la aplicación de la ciencia de la naturaleza para hacer más eficientes y acelerar los movimientos del hombre, logrando con ello ganar tiempo, en el sentido de poder hacer más cosas en los mismos módulos temporales, y cuya mística, si no su metafísica, no es otra que la del afán de poder y dominación del mundo en torno por medio de la máquina, de los artefactos, de los útiles y procedimientos, ya no sólo de la naturaleza inanimada, sino de la naturaleza animada y del hombre mismo, afectando incluso a grandes bloques urbanos, convertidos ya en vertiginosos corredores al servicio de las máquinas, ya en desolados parajes momentáneos, donde las personas apenas se estacionan, reducidas a su mínima expresión, para seguir de prisa, engranándose de nuevo, al siguiente paso, con la marcha del despótico ritmo productivo.

Alberto Espinosa Orozco

Itzamna Reyes (Ciudad de Mexico, 1988) Cursó la Licenciatura en Artes Visuales en ENAP-UNAM, al finalizar formó parte de la quinta generación del taller multidisciplinario «La Colmena», dirigido por los artistas José Miguel González Casanova, Luis Argudín y Carlos Mier y Terán. Cuenta con cinco exposiciones individuales en las que destacan: ̈«No Lugares» ̈ en el Museo de la Ciudad 450, IMAC, Durango, «Atributos Urbanos», en el INDAABIN y «Más allá de la utopía» en el Centro de las Artes de San Luis Potosí Centenario, S.L.P. Además ha colaborado en  poco más de una veintena de exposiciones colectivas dentro del país. Ha ganado en dos ocasiones la beca del Programa Jóvenes Creadores FONCA, en el ciclo 2014-2015 y 2016-2017 y ha sido reconocido como ganador del segundo lugar en el IV Concurso Nacional de Pintura Profesional Rodin-Royal Talens y la XI Bienal de Pintura Joaquin Clausell en el 2015.

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