Estado de alerta: la expropiación de la experiencia | Fausto Gracia

Acción instalación multimedia

24 hrs – Duración

Esta pieza es parte de una serie de acciones realizadas durante el año 2019, mostradas en diferentes contextos y expositivos. En las dos ocasiones anteriores, las piezas cuestionan y reflexionan en torno a la violencia estructural a la que nos enfrentamos de manera tan naturalizada y sofisticada a partir de los discursos hegemónicos y la inmersión de las nuevas tecnologías en el ámbito doméstico.

Para esta tercera pieza, titulada  Estado de alerta: la expropiación de la experiencia, no podemos dejar de lado el paso del año 2020 como uno de los más importantes a nivel mundial: la aparición del virus SARS-CoV-2 y sus diferentes cepas nos mantiene en un momento de incertidumbre en casi todos los rincones del planeta en donde hay vida humana, dejando un hito en nuestra línea histórico-temporal sobre los planteamientos y nuevos paradigmas que suponen ahora las formas de relacionarnos.

La violencia naturalizada desde el anterior protocolo de normalidad, así como en el nuevo panorama de virtualidad plantea a la vez una posibilidad de cese a la autoexigencia impuesta, en detrimento de una invasión generalizada sobre la intimidad de nuestros hogares, además de abrir nuevas posibilidades de precarización del trabajo en tanto producción de servicio. Sumado a la hipercomunicación, este nuevo panorama parece desarmar cualquier posible límite de espacio-tiempo en donde la eficiencia, el rendimiento y la autoexplotación, disfrazadas de realización, han llegado a devastar todos los muros a través de las cámaras y micrófonos que voluntariamente nos acompañan en todos los ámbitos de nuestra vida.

Una de las reflexiones que surgieron durante esta pandemia y que planteó un punto neurálgico sobre las relaciones interubjetivas en Tiempo-Covid fue la del antropólogo Néstor García Canclini (2020)* que supone lo siguiente:

“… de pronto la pandemia nos recordó que importa lo no digital… Hizo vívido que somos cuerpos, cercanos o distantes… No podemos evitar preguntarnos qué hacer con nuestros afectos materializados en otros cuerpos…

Es decir, suceda lo que suceda, y aún con el alcance de las tecnologías, sigue siendo la otredad, en donde colocamos nuestros afectos.

Por otro lado, el concepto de experiencia, o de manera más específica, la expropiación de la experiencia propuesta por Agamben (1979)** – que sucede a través del método, entendido como el camino seguro a la verdad, conocimiento universal… puesto al servicio de la comunicación de conocimiento y del poder – es importante para esta pieza ya que parte de la pregunta ¿Cómo es posible hacer experiencia no con un objeto sino con el propio lenguaje? Para él, la respuesta está en el experimento que nos coloca desde un principio en el ámbito del tener, mediante la experiencia de la lengua, como pura potencia del decir.

Es por ello que esta instalación multimedia recupera estos aspectos y los coloca en un diálogo a través dé sus creadores de manera constante, duracional y crítica para generar una analogía del cuerpo como potencia, del espacio (virtual) como lenguaje, para así provocar conexiones sinápticas de lo que supondría el tener como experiencia o la recuperación de la misma.

FAUSTO GRACIA

MEL IZANAMI

*García C. N. (2020) La dictadura sanitaria por el coronavirus y la vigilancia corporativa generalizada. La Jornada. México.

**Agambem, A. (1979) Infancia e historia. Ensayo sobre la destrucción de la experiencia. Ed. Einaudi, Torino.

 

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