Una pintura no es una isla | Exposición colectiva

Hemos heredado una idea mítica, nostálgica y romántica del artista: el creador solitario que crea desde la nada, alejado de todo lo que lo rodea y solo frente a sus demonios.

Pero el mito es mito y en la realidad los artistas son personas diversas, comunes, que llevan a cabo procesos creativos que se parecen a los procesos que llevamos todos en la vida cotidiana: se hacen preguntas, recrean, reformulan, observan, a veces, descontextualizan o hacen relaciones improbables. Los artistas discuten sus creaciones con otras personas y sus piezas dialogan con otras obras, con otros temas distintos a los suyos. El arte se alimenta de otros procesos, campos y mundos distintos al arte.

Una pintura no es una isla, es una exposición, pero también un ejercicio que nace de la complicidad y de la amistad, del respeto y admiración entre colegas relacionados, sí por la amistad, pero también por intereses comunes, que debaten y comparten información de la que también se nutre su trabajo. Conformada por piezas de Adrián Procel, David Garza, David Meraz, Leo Marz, Oscar Soto Lozano, Salvador Díaz y Reynaldo Zesati, Una pintura no es una isla, como su nombre lo dice, es un intento de romper el hielo que divide y sacraliza el campo del arte de la vida cotidiana para vincularla con el día a día y, de la misma forma, una invitación para mirar y entender a la pintura como parte de ese continente en el que vivimos todos.

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